CARACAS, TRADICIONES, MALLS, CONSUMISMO Y REVOLUCION
En la primera mitad del siglo pasado el público se limitaba a hacer compras en las tiendas ubicadas en las distintas calles del centro de las ciudades o esperaban en su casa al marchante que les llevaba la mercancía. Cuando el tranvía era el medio de transporte para movilizarse por la ciudad de Caracas, La Plaza San Jacinto era el lugar donde los vecinos y vecinas de la capital recurrían para hacer sus compras. Decenas de tarantines, carretas tiradas por burros y mulas, ofrecían sus mercancías al público. La gente compraba alimentos, ropa y algunos enseres básicos para sus hogares.
En las esquinas de las calles de la ciudad funcionaban los comercios. Los abastos, las bodegas y las pulperías eran las más difundidas. Se trataban de negocios que ofrecían principalmente alimentos, pero en aquellos lugares se podían encontrar gran variedad de productos como pabilos, curitas, cuadernos, bombillos, interruptores, etc. Las boticas, eran los sitios donde se expedían las medicinas, el bazar y la quincalla eran los especializados en la venta desde juguetes, útiles escolares, de ferretería y para las costureras.
Esa primera mitad del siglo XX transcurrió sin muchos cambios y muchas tradiciones. Nuestros viejitos hoy recuerdan como debían ir al molino de maíz para tener lista la masa para las arepas. El pan comienza a popularizarse, se multiplican tímidamente las panaderías. A partir de la década del 50 del siglo pasado se desata las construcciones pensadas para consumir y más consumir.
Aparecen los pasajes o galerías, que fueron un primer intento de organizar un conjunto de locales comerciales en un solo espacio. El más famoso fue el Pasaje Zingg, en el centro de Caracas, que era tan lujoso que hasta contaba con una escalera mecánica de peldaños de madera. En 1955 se inaugura el Centro Comercial las Mercedes, al más antiguo de la ciudad. En los años setenta, se construyen un conjunto de centros comerciales con características arquitectónicas similares, entre ellos el Centro Comercial Chacaíto y el Unicentro El Marqués. Sus fachadas son sencillas y su iluminación y ventilación natural. En esa misma época se inaugura lo que puede considerarse el primer gran “Shopping Center” de Caracas, el Centro Comercial Ciudad Tamanaco (C.C.C.T.). Con esta construcción comienza a perfilarse un nuevo tipo de construcción en Caracas orientado al consumismo. Se inicia la invasión de los “MALLS” en Caracas y en las otras ciudades más pobladas del país.
Los “Malls” se constituyeron en una innovación de los patrones de consumo del capitalismo, al permitir la exposición y venta de muchos productos combinándolo con la entretención y servicios en un sólo espacio; cambiando no sólo el panorama físico de las ciudades sino también los rituales sociales, la mentalidad y los hábitos de compra.
“Mall” es una expresión que tiene su origen en la abreviatura de la palabra "Pall-mall", que era un juego que se practicaba en Italia, Francia e Inglaterra por los siglos XVI y XVII. El nombre original procede del italiano, donde el juego se llamaba "pallamaglio". El "palla" tiene la misma raíz que "pelota" y "maglio" que significa "martillo", es decir, que el nombre del juego sería algo así como "pelota y martillo". El juego era parecido al croquet sólo que los aros estaban colocados en caminos. Con el tiempo, a esos caminos para el juego los denominaron "mall". Y aunque el juego ya ha desaparecido, la palabra "mall" quedó para caminos de parques. Uno de estos caminos era el "The Mall" del famoso parque Saint James de Londres. A mediados del siglo XX, la palabra fue usándose para ciertas áreas comerciales de las ciudades, y finalmente a los centros comerciales cerrados.
En los últimos quince años se impone este tipo de centro comercial. Los “malls” son edificios cerrados como cubos, que además de consumir mucha energía, crea condiciones de inexistencia de la dualidad Luz-oscuridad, por lo tanto elimina la noche y el día, son atemporales, elimina la variedad del clima, son espacios asépticos que desprecian el entorno.
Para 1990 ya existían en Estados Unidos más de 35.000, con una superficie total capaz de albergar a todos sus habitantes. Mientras en los años 60`s el tiempo promedio de visita era de apenas veinte minutos, en los años 80`s, ese promedio aumentó a tres horas En octubre del 2004 abrió sus puertas en China el Centro Comercial Recursos Dorados, el “mall” más grande del mundo, con una superficie de 55,7 hectáreas, y para el 2010 siete de los diez “malls” más grandes del mundo se encontrarán ubicados en ese país.
En 1998 abre el Sambil, convirtiéndose en un icono en la ciudad de Caracas, ciudad que reúne una creciente cantidad de edificios de este tipo en toda su extensión. La difusión de los “shopping malls” en América Latina en los últimos decenios representa un caso paradigmático para explicar como la cultura global del consumo, o para ser más preciso, la cultura material proveniente de los Estados Unidos, ha transformado la cultura latinoamericana. Los “Malls” se constituyeron en una innovación de los patrones de consumo del capitalismo, al permitir la exposición y venta de muchos productos combinándolo con la entretención y servicios en un sólo espacio; cambiando no sólo el panorama físico de las ciudades sino también los rituales sociales, la mentalidad y los hábitos de compra. Así han reemplazado a las plazas o parques como el lugar de encuentro y vida social. Sustituyéndolos por éstos hiperespacios protegidos y resguardados de las vicisitudes del tiempo, la violencia y la delincuencia, con laberintos que llevan al visitante a la abundancia de productos y ofertas incentivando el consumismo.
Específicamente en el contexto latinoamericano, entre las décadas de los 80`s y los 90`s se produjeron una serie de transformaciones dirigidas a implementar los postulados estratégicos del neoliberalismo; entre ellas se puede reconocer la nueva reinserción de las naciones latinoamericanas en el mercado mundial, el auge de las importaciones, la disminución del rol del Estado, la privatización de las empresas públicas y la flexibilización laboral, todo ello bajo la dirección del imperialismo norteamericano que en alianza con las élites burguesas y su tecnocracia en la Región, impulsaron el consumo de bienes importados, siendo garantizados por la apertura de los mercados frente a la producción nacional, produciendo por efecto, altos niveles de desaforado consumismo. Esta estrategia mercantilista, orientada a beneficiar a las grandes transnacionales, fue de la mano de una impronta cultural, principalmente mediática, para imponer un modelo de vida basado en el consumo compulsivo de bienes innecesarios, con la ficción de ser necesarios.
En la actualidad suman más de 400 “malls” en Venezuela que equivale a uno por cada 65 mil habitantes. El Distrito Capital posee 18 Centros Comerciales afiliados a la Cámara Venezolana de Centros Comerciales, que suman alrededor de unos 3.600 locales comerciales.
La Parroquia Candelaria, con un área de 1,22 Km2 y una población de 60.000 habitantes los de 2.097.350 habitantes del Distrito Capital (según proyección del Instituto Nacional de Estadística con base en el censo de 2001), tiene en su territorio un significativo porcentaje de la actividad comercial que se desarrolla en el Municipio Libertador. Posee en sus inmediaciones y en su área territorial varios centros comerciales (Casa Bera, Galerías Ávila, Centro Comercial Parque Caracas) y varios edificios de gran altitud dedicados a oficinas y finanzas privadas (Banco Provincial y Banco Mercantil) La atraviesa, de este a oeste, tres arterias viales de un gran volumen de tránsito vehicular: Avenida Urdaneta, Avenida Andrés Bello y Avenida México.
Sus parroquias vecinas (San Bernardino, San José, Catedral, San Agustín, El Recreo y Santa Rosalía) han sido víctimas de un crecimiento descontrolado, sin planificación, que solo han respondido a la voracidad neoliberal propiciando la construcción de cápsulas de concreto copiadas de modelos norteamericanos, obviando el entorno, espacios consumidores de energía y generadores de prácticas culturales enajenantes. Nota especial toca a la tercera torre más alta de Caracas, a menos de 100 metros del “Sambil La Candelaria”; un edificio de 45 pisos que se encuentra habitada por un grupo de familias que reclaman la asignación de una vivienda. La edificación conocida como Torre de David está en las manos de FOGADE y fue diseñada para albergar oficinas de una empresa dedicada a actividades financieras.
La población del Distrito Capital cuenta en su territorio con algunos parques para el esparcimiento (Parque Ali Primera, “Los Caobos” hoy Cipriano Castro, El Pinar, Arístides Rojas, El Zoológico y el Parque Guaraira Repano), varias plazas en la Candelaria y sus alrededores (Plaza Candelaria, Plaza Andrés Eloy Blanco, Plaza del Banco Central, Foro Libertador). Los cines existentes en las parroquias desaparecieron en las dos últimas décadas del siglo pasado, quedando sus espacios en manos de transnacionales de la religión, dando paso a salas de cine pequeñas monopolizadas por dos empresas y concentradas en los centros comerciales. La tendencia ha sido el abandono de estos espacios públicos, dejando los parques infantiles dentro de los locales de comida chatarra, la plaza y el mercado popular por el “mall” – espacio impersonal, para el consumismo y el esnobismo
La mentalidad capitalista se resume en sacar el máximo provecho económico en todos los ámbitos posibles. En los “malls”, explotar hasta el último centímetro de espacio es el principio en la explotación de cada edificio. El área dedicada a la circulación de las personas se reduce al mínimo necesario. Se procura que el movimiento de personas no se vea obstaculizado y se torne infinito. No debe haber principio ni fin. Las escaleras de emergencia, los ascensores y los baños deben estar ubicados de tal manera que no afecte la circulación de la gente. El 99% de las visitantes de los “malls” usan las escaleras mecánicas ya que están ubicadas estratégicamente de manera de facilitar el flujo.
En el proyecto Sambil La Candelaria, se evidencia este manejo que propicia el individualismo. Los canales de circulación impiden que un grupo pueda detenerse a conversar ya que interrumpirían el flujo de los visitantes. Está hecho para que las personas se vean obligadas a avanzar y sean atrapadas por la decoración de las vitrinas de los locales comerciales. Está diseñado para el consumo irracional.
La propuesta de construcción del socialismo pasa por ir progresivamente eliminando ese consumismo irracional, compulsivo, por un consumo que dé respuesta a necesidades verdaderas y no creadas por la publicidad. Evitar que en ese edificio construido por la empresa de los Coehem funcione otro aberrante centro de consumismo y enajenación para ponerlo al servicio de la revolución es verdaderamente acertado. Significa una experiencia donde ensayaríamos y aprenderíamos a qué hacer en un futuro con esa cantidad de moles de concreto cuando el socialismo termine derrotando al capitalismo.


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